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nada-es-imposible-en-la-vida:

suicide room pelicula de mierda wn:c<3<3<3

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SOLO LEELO

Jesse comenzó el quinto grado como
cualquier otro niño. Él era un chico muy
alegre, lleno de vida y con mucha energía.
Todo eso cambió cuando conoció a Stan
este martes.
Stan era un estudiante que había acabado
de ingresar al colegio. Se sentaba al lado de
Jesse.
Cuando fui a recoger a Jesse de la escuela
él no paraba de decirme que Stan era su
nuevo mejor amigo. No parecía actuar
como él mismo. Estaba muy pálido y
sudoroso. Le tomé la temperatura, pero no
tenía fiebre. Le pregunté cómo le había ido
en el colegio, pero lo único que decía era
que Stan era su mejor amigo.
“Stan es mi nuevo mejor amigo” Decía
Jesse.
“Lo sé, quisiera conocerlo alguna vez” Le
respondía yo.
“Mamá, Stan es genial. Debería
presentártelo alguna vez. Es mi mejor
amigo. El mejor amigo de todo el mundo
entero.”
Tuvimos esa misma conversación unas cien
veces ese mismo día. Cuando acosté a Jesse
en su cama, él me miro con lágrimas en los
ojos. Puso su mano enfrente de su cara y
me señaló con el dedo para que me
acercara un poco.
Volteé mi cabeza y él me dijo algo en la
oreja que me dio un pequeño escalofrío.
En ese momento no sabía porque me dio
un escalofrío, pero lo hizo.
“Tú me crees. ¿Verdad?” Me susurró.
Me levanté de la cama para poder verlo de
frente. “¿Qué si te creo qué, cariño?”
“Stan,” Respondió. “Stan es mi mejor
amigo.”
Asentí con la cabeza y le volví a tomar la
temperatura.
No parecía tener fiebre, de nuevo.
Me fui a mi cama, pero en realidad no
pude dormir bien esa noche.
El miércoles, cuando iba en camino de
llevar a Jesse al colegio, se le veía muy
extraño, me dijo que no quería ir a la
escuela hoy.
“¿Te sientes mal?” Le pregunté.
“No” me contestó. Se estaba mordiendo el
labio inferior de manera muy extraña.
Nunca lo había visto tan nervioso. “No.
Tengo que ir a clases.”
Abrió la puerta del auto y se fue directo a
la entrada de la escuela.
Sin decirme te quiero.
Ni siquiera un adiós.
Nada.
Caminó hacia la entrada del colegio con la
cabeza baja. Presioné los frenos y di media
vuelta para dirigirme al trabajo.
Un niño estaba parado enfrente de mi
carro. Dos segundos más y lo hubiera
arrollado. El chico era pálido, con un
cabello de color amarillo casi blanco y ojos
de azul claro. Dio unos golpes en la parte
delantera del auto como si fuera una
puerta dos veces, me saludó, y subió las
escaleras camino a la escuela.
Cuando recogí a Jesse de la escuela ese día,
se le veía más animado. Estaba solamente
un poco más pálido de lo normal, pero de
resto se le veía alegre. Me dijo todo lo que
había hecho en la escuela. Me habló sobre
dinosaurios, música, matemáticas, y luego
me dijo sobre lo que hizo en el receso.
“Y después de matemáticas tuvimos receso.
Mamá, no creerás lo que hice hoy en el
receso”
“Dime” Le dije, sonriéndome a mí misma
mientras conducía. Estaba pensando en las
cosas que jugaba yo con mis compañeros
cuando tenía su edad. Algo clásico, algo
normal.
“Me uní a una iglesia” Estaba un poco
confundida. “¿Te uniste a una iglesia?… ¿En
el receso?”
Jesse asintió. “La iglesia de Stan.”
Creí que era alguna cosa que se habían
inventado los chicos para entretenerse.
“¿Qué es la iglesia de Stan?” Le pregunté.
“Es la iglesia de Stan, Mamá.” Jesse se rio
como si hubiera hecho una pregunta obvia.
“¿Y qué es lo que hacen ahí? Ya sabes,
como miembros de esa iglesia” Le
pregunté.
“Muchas cosas. Hoy solamente hicimos la
iniciación y escuchamos a Stan. Estaba
hablando en palabras raras y divertidas,
luego todos nos sentíamos cansados y nos
acostamos un rato.”
Estacioné el auto junto a la casa.
“¿Eso fue todo?” Le pregunté. Eso sonaba
raro, pero los chicos no parecían estar
haciendo nada malo.
“Stan nos dio volantes también”
Jesse sacó un pedazo de papel arrugado de
su bolsillo. Tenía tres palabras escritas en
marcador negro.
Iglesia de Stan.
Al día siguiente, cuando fui a recoger a
Jesse de la escuela, estaba convencida de
que algo de verdad malo le estaba pasando
a mi hijo. Estaba muy asustado y nervioso.
“¿Qué te ocurre, cariño?” Pregunté,
tocando su frente para sentir su
temperatura.
No tenía fiebre.
“Jugamos al juego de las almas hoy” Dijo.
Su cabeza estaba de lado. No se quedaba
quieto en su asiento. Miraba a todos lados
en el camino a casa.
“¿El juego de las almas?” Le pregunté.
Él sólo asintió con la cabeza, mirando a
todos lados como si buscara algo. Una
enorme cantidad de sudor corría por su
cara.
“¿Qué es el juego de las almas?” Pregunté.
“Le dije que no quería hacerlo, pero él me
dijo que dejaría de ser mi amigo si no
jugaba con él.”
“¿Cuándo fue eso? ¿Dónde estaban los
profesores?”
“Todo ocurrió en la iglesia,” contestó.
Luego dijo casi susurrando, “Los adultos no
pueden entrar a la iglesia.”
“¿La iglesia de Stan?”
Jesse asintió, con una lágrima deslizándose
por su mejilla.
“¿Qué es el juego de las almas, Jesse? Soy tu
madre. Si tienes algún problema sólo
dímelo.”
“No puedo decirte, mamá. No puedo. Las
reglas son malas. Son muy malas”
“¿Y si le pregunto a Stan?” Pregunté “¿Él me
dirá las reglas?”
“¡NO!” Gritó Jesse, dándome un verdadero
susto. “NO LE PREGUNTES A STAN LAS
REGLAS. POR FAVOR, NO LO HAGAS, MAMÁ.
POR FAVOR.”
Estacioné el auto, asustada y confundida.
“Promételo, mamá
promételopromételopromételopromételopr
omételopromételoporfavor.”
Jesse estaba balbuceando, estaba muy
asustado. Lo agarré y comencé a sacudirlo,
tratando de calmarlo. Se quedó dormido en
mis brazos, así que lo llevé a su cama y lo
acosté para dormirlo.
Sólo necesita dormir. Me decía a mí
misma. Lo único que necesita es dormir.
Lo dejé en su cama y cené sola. Fui a verlo
a su cuarto alrededor de las nueve antes de
acostarme. Parecía estar profundamente
dormido.
Me desperté inmediatamente al oírlo
gritando 18 minutos pasadas las 12 de la
noche. Corrí hacia su cuarto, pero no
estaba en su cama. Encendí la luz y Jesse
salió del closet en el que se escondía,
corriendo, como si algo lo persiguiera. Se
abrazó a mi pierna, seguía llorando.
Traté de calmarlo e intenté preguntarle qué
pasaba. Nada de esto tenía sentido. Seguía
gritando sobre el juego de las almas.
Intenté volverlo a acostar pero no hacía
caso.
Finalmente, decidí llevarlo a la cama
conmigo. Jesse se durmió inmediatamente.
Yo me quedé acostada en mi lado de la
cama mirándolo, acariciando su cabello,
cuando de repente sus ojos se abrieron y
me miró fijamente.
“Le contaré las reglas del juego mañana
después de clases, señora.” Me dijo. Luego
volvió a cerrar los ojos.
¿Qué le estaba pasando a mi hijo?
En la oscuridad, no podía hacer nada más
que mirar el techo, moverme de lado a
lado y mirar el baño. No pude dormir esa
noche.
¿Sabes cuando estás apunto de dormirte
pero a veces algo te despierta? A veces
imaginas que te tropiezas y caes, y te obliga
a despertarte.
Eso me pasó por toda la noche, sólo que lo
que me despertaba era una silueta que
aparecía en la puerta del baño cada vez
que se me cerraban los ojos. Pero cada vez
que miraba atentamente no lograba ver
nada. Cada vez que cerraba los ojos, la
figura aparecía de nuevo, obligándome a
despertar, sólo que cada vez aparecía más
cerca de mí.
Esto siguió pasando toda la noche, hasta
que se hizo la hora de llevar a Jesse al
colegio.
Esta mañana Jesse se veía muy distante,
como adormecido. Yo estaba igual, pero
más exhausta. Pensé en preguntarle a Jesse
sobre lo que ocurrió ayer. Pero temía que
volviera a pasar lo mismo de ayer.
Lo lleve de camino a la escuela. Él no decía
nada, parecía un robot; sin vida ni
emociones.
Tiempo después de haberlo dejado en la
escuela recibí una llamada, para que
regresara a recogerlo. Había vomitado en
clase.
Cuando fui a recogerlo. Se le veía igual. Le
pregunté varias cosas, pero sólo me rugía
como respuesta. Iba a llevarlo al doctor
después de que se cambiara de ropa.
No dijo nada hasta que llegamos al
estacionamiento.
“¿Puede Stan venir hoy a casa?” me
preguntó.
“No te sientes bien, cariño. ¿De verdad
quieres que venga hoy?” Le pregunté. Ya
quería conocer a este chico, pero no
parecía que Jesse quisiera tenerlo en casa.
“Sí” Me respondió.
“Okay, ¿Tienes el número de sus padres?”
“Él ya le preguntó a sus padres, ellos
dijeron que podía venir.”
“Pues todavía tenemos que esperar a que
salga de clases. Y aún así quiero hablar con
sus padres.”
“Okay.” Jesse bajó del auto y caminamos a
la entrada de la casa.
“¿Tienes su número?” Le pregunté, cerrando
la puerta.
“No” Me contestó.
Le preguntaba cómo se suponía que
hablaría con sus padres si no tengo su
número y si no sé donde viven, pero
alguien tocó la puerta.
Yo estaba parada justo al lado de ella.
Abrí la puerta, y parado en frente de ella
estaba el chico pálido de ojos azules que
casi atropello el otro día. Una chica muy
parecida a él estaba a su lado.
“¿Sí?” Les pregunté.
“Hola Driz, ¿Está Jesse en casa?” Dijo el
chico.
No sé como sabía ese apodo. No me
llamaban así desde la universidad, cuando
mis amigas me lo habían puesto en una
noche de ebriedad, era corto para Drizzy.
“No” Le respondí.
“Está bien” Dijo la niña que lo acompañaba.
“Mi nombre es Devin, y creo que ya
conoces a mi hermano Stan.”
Stan sonrió y comenzó a hablar. “Las reglas
del juego son muy simples. Regla uno: No
pasar frente a espejos por la noche. Regla
dos: No dejar ninguna puerta abierta
cuando te vayas a acostar esta noche.
Pregúntale a Jesse sobre la regla tres, y
recuerda esto, un rechinido significa que
estás haciendo algo mal, un crujido
significa que estás a punto de perder.
Cuando las luces se apaguen de repente,
con suerte no verás la silueta oscura
observándote en una esquina de la
habitación. Con suerte no sentirás su
respiración en tu cuello mientras caes al
suelo. Y si escuchas un golpeteo. Bueno,
con suerte nunca escucharás un golpeteo.”
Stan se dio media vuelta y se fue con su
hermana.
Me les quedé viendo mientras se iban y
agité mi cabeza. No iba a ser parte de su
estúpido juego.
Caminé a la cocina y me encontré con Jesse
sentado en una silla a un lado de la mesa,
llorando.
“¿Qué ocurre, cariño?” Le pregunté.
“Escuché un golpeteo” Me dijo entre
sollozos.
Mi boca estaba seca. “¿Cuándo termina el
juego?” Le pregunté.
“Nunca,” Me susurró. “El juego nunca
termina”
Mi corazón estaba latiendo muy
rápidamente. “Cuál es la regla número tres,
Jesse?”
Su cara perdió toda expresión y trató de
reunir aliento para decirme la última regla
“Regla tres. Una vez que sepas todas las
reglas, ya eres un jugador.”
Mi corazón se detenía. “¿Qué ocurre
cuando pierdes?”
“Cuando sea de noche, los oirás llegar. Les
gusta hacerte saber que están cerca.”
“¿Quiénes?”
“Stan y Devin” Dijo Jesse. “Vendrán de
cualquier espejo o puerta abierta y te
arrastrarán con ellos.”
“¿Cómo ganas?”
“Ganas si le cuentas a más personas las
reglas del juego que la persona que te las
contó a ti.”
Como dije al principio, lo lamento.
Pero gracias por ayudarme. Lo digo
sinceramente.
Ahora puedo disfrutar mi libertad de
nuevo. Espero que disfruten su noche.
Y saluden a Stan y Devin de mi parte. 

una-loca-adolescente-mas:

:D Ojala mis sueños se hagan realidad entonces 

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rap3-m3-again:

(U)
you-are-my-little-obsession:

Daré reblogg a esto cada vez que lo vea 

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Si tuviera la oportunidad De poder abrazarte Te abrazaría por horas.
si tuviera la oportunidad de hablarte como antes…
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